La primera pregunta que recomiendan algunos especialistas consiste en pedirle a la persona que repita la historia, pero en orden inverso. Por ejemplo, si alguien relata lo que ocurrió durante una situación determinada, se le puede pedir que describa los acontecimientos comenzando por el final y retrocediendo paso a paso.
Esta estrategia funciona porque quienes dicen la verdad suelen recordar los hechos reales con mayor facilidad, incluso cuando cambian el orden de la narración. En cambio, quienes han inventado una historia pueden tener dificultades para reorganizar los eventos, ya que el relato no está basado en recuerdos reales sino en una construcción improvisada.
Al intentar reconstruir la historia en sentido inverso, el esfuerzo cognitivo aumenta, lo que puede provocar pausas más largas, contradicciones o vacíos en el relato. Estas inconsistencias no prueban automáticamente que alguien esté mintiendo, pero sí pueden indicar que la historia necesita ser analizada con más detalle.