Detectar una mentira no siempre es sencillo. Las personas suelen prestar atención a señales como la mirada, los gestos nerviosos o el tono de voz, pero la realidad es que estos indicios pueden ser poco fiables. Algunos individuos pueden parecer tranquilos mientras mienten, mientras que otros se muestran nerviosos incluso cuando dicen la verdad. Por esta razón, diversos especialistas en psicología del comportamiento sugieren prestar más atención a las preguntas que se formulan que a los gestos del interlocutor.
En los últimos años, investigadores y expertos en comunicación y lenguaje han señalado que ciertas preguntas estratégicas pueden aumentar significativamente las probabilidades de detectar inconsistencias en el relato de alguien. De hecho, existe una técnica sencilla basada en dos preguntas clave que ayudan a revelar contradicciones cuando una persona no está diciendo toda la verdad.
El principio detrás de este método es simple: mentir requiere más esfuerzo mental que decir la verdad. Cuando alguien inventa una historia, debe recordar los detalles que acaba de crear, mantener coherencia en el relato y responder nuevas preguntas sin contradecir lo que ya dijo. Este proceso exige un mayor nivel de concentración y memoria que simplemente relatar algo que realmente ocurrió.
