Nunca le prestes estas 8 cosas a nadie, o atraerás pobreza y maldiciones.

8 cosas que, según la creencia popular, no deberías prestar y por qué se asocian con la energía personal y la prosperidad

Hay decisiones que parecen pequeñas, casi inofensivas, pero con el tiempo se convierten en grietas silenciosas por las que se escapan la paz, el orden y la estabilidad de la vida. Mucha gente cree que los problemas financieros o emocionales surgen de la nada, pero la verdad es otra: casi siempre comienzan cuando dejamos de poner límites.

Ser generoso no es lo mismo que ser ingenuo. Y comprender esa diferencia puede cambiar por completo tu destino.

En varias de sus reflexiones, Yokoi Kenji explica que el orden no es frialdad, sino una forma de respeto por la vida. Cuando hay orden, hay claridad. Y cuando hay claridad, hay prosperidad.

Éstas son las ocho cosas que nunca debes prestar, no por egoísmo, sino por sabiduría.

1. Nunca prestes tu paz.

Mucha gente no te quita el dinero, pero sí te quita la paz mental. Te arrastran a sus conflictos, a su caos emocional, a sus dramas constantes. Empiezas a dormir mal, a pensar demasiado y a vivir una vida tensa.

Cuando se pierde la paz, el rendimiento disminuye, las decisiones empeoran y tus finanzas se ven afectadas. Proteger tu paz no es insensible; es salvaguardar tu bienestar mental y emocional.

2. Nunca prestes tu tiempo.

El dinero se puede recuperar, pero el tiempo no. Algunas personas no buscan ayuda; buscan llenar su agenda. Cinco minutos pueden convertirse en horas, y las horas en años de vivir la vida de otra persona.
La mala gestión del tiempo es una de las causas más comunes del estancamiento personal y financiero.

3. Nunca prestes tu oído sin discernimiento.

Escuchar no es malo, pero convertirse en un vertedero emocional sí lo es. Algunas personas solo se acercan para quejarse, hacerse la víctima y descargar sus frustraciones. La contaminación emocional constante cambia tu carácter, tu perspectiva de la vida y te lleva a tomar malas decisiones.

4. Nunca le prestes tu casa a cualquiera.

Tu hogar no son solo paredes: es un ambiente, un ritmo, una energía. Abrir la puerta a personas con hábitos destructivos altera la armonía familiar.
Tu hogar no es un refugio para el desorden ajeno. Protegerlo es un acto de inteligencia, no de crueldad.

5. Nunca prestes tu nombre o firma.

Tu reputación vale más que el dinero. Firmar por otros, ser aval o prestar tu nombre bajo presión es una de las decisiones más peligrosas que puedes tomar.
Cuando surge el problema, el responsable casi siempre desaparece, y tú eres el que queda atrapado.

6. Nunca prestes dinero sin claridad.

Ayudar no es lo mismo que rescatar. Prestar sin acuerdos claros destruye relaciones y genera resentimiento.

Si no hay un propósito, una fecha límite y una responsabilidad, no sirve de nada: es un drenaje constante de recursos y energía.