Su voz se quebró al agradecer a quienes lo apoyaron, incluso cuando le costaba creer en sí mismo. La gratitud y el arrepentimiento se mezclaban en cada frase.
Al terminar, no hubo aplausos, solo un silencio sepulcral. Se apartó de las cámaras con los hombros gachos: un hombre destrozado, pero finalmente libre.