Mike Pence con lágrimas en los ojos hace el triste anuncio..

Este no fue un discurso moldeado por asesores ni por las encuestas. Fue una confesión forjada en noches de insomnio y en una reflexión serena.

Le temblaban las manos al admitir lo que ya no podía negar: la vida pública le había exigido más de lo que jamás había imaginado. El precio lo había pagado no solo él, sino también quienes más amaba.