Después de que unos niños destrozaran la chaqueta de mi hermana pequeña, el director me llamó al colegio; lo que vi allí me dejó sin aliento.

Estábamos cenando y ella mencionó, sin mirarme directamente, que últimamente la mayoría de las chicas del colegio llevaban unas chaquetas vaqueras muy chulas.

Las descritas con esa naturalidad que usan los niños cuando quieren algo pero son demasiado conscientes de la situación como para pedirlo directamente.

Robin no dijo: "Quiero uno, Eddie". No tenía por qué hacerlo.

Observé a mi hermana jugar con su comida y cambiar de tema, y ​​sentí esa punzada particular que se produce al querer darle algo a alguien y no estar seguro de poder hacerlo.

Robin no dijo: "Quiero uno, Eddie".