La sonrisa de Madison se desvaneció. "¿Presidenta? ¿A quién llama presidenta? ¿A ella?"
Uno de los guardaespaldas giró ligeramente la cabeza, con ojos tranquilos pero letales.
—Cuidado con lo que dices —dijo—. Estás hablando con la Sra. Ava Villareal, la única heredera del Grupo Villareal.
A Loretta se le cayó la mandíbula.
Ethan se tambaleó medio paso. —¿A-Ava... Villareal?
Ava se incorporó lentamente mientras las enfermeras corrían a ayudarla. Incluso agotada, incluso recién salida del parto, ahora se comportaba de forma diferente, como si recordara su nombre después de años sin que nadie la llamara.
—Sí, Ethan —dijo Ava con serenidad—. Dejé mi vida atrás porque quería que alguien me quisiera por quien soy, no por mi dinero.
Su mirada no tembló.
“Pensé que eras tú.”
Entonces sus ojos se agudizaron.
“Pero hoy demostraste que no eres más que basura buscando oro”.
PARTE 4 — La deuda, el hospital, la prohibición
Ava recurrió a Madison.
—Te hacías llamar rico —dijo Ava en voz baja—. ¿Sabe tu padre que te estás ahogando en una deuda bancaria de quinientos millones?
Madison palideció. "¿Cómo...?"
—Porque pediste prestado de mi banco —respondió Ava con una sonrisa tímida—. Y después de lo que hiciste hoy, llamaré a la junta. Exigiremos el pago inmediato.
Los labios de Madison se separaron, pero no salió ningún sonido.
Ava desvió su mirada hacia Loretta, que parecía que podría desmayarse en el acto.
—Y tú —dijo Ava con voz serena—. Me llamaste campesina.
Dejó que esa palabra quedara en el aire por un instante y luego lanzó el cuchillo.
“El hospital en el que estás… lo compré ayer”.
Los ojos de Loretta se abrieron de par en par.
“Así que, técnicamente”, continuó Ava, “el suelo bajo tus pies me pertenece”.
Ella levantó ligeramente la barbilla.
"Seguridad."
“¡Sí, señora!” respondieron los hombres al unísono.
—Saquen a estos tres —ordenó Ava—. Y prohíbanles la entrada a todas las propiedades de Villareal: centros comerciales, hoteles, hospitales, complejos turísticos. Sin acceso. Sin favores. Sin ayuda.
Ethan cayó de rodillas como si sus huesos se hubieran convertido en agua.
Ava, por favor. Soy tu esposo. Te amo. Cometí un error. Perdóname, por nuestro hijo.
Ava lo miró como si fuera algo que ya había superado.
—Ya firmé el divorcio, Ethan —dijo—. Así que ya no tengo marido.
Su mano se apretó alrededor de su bebé.