Estaba pálida, agotada y temblando de cansancio, abrazando a su hijo recién nacido como si fuera lo único que la mantenía despierta. La habitación olía a antiséptico y a aire empapado por la lluvia que entraba desde el pasillo.
Ella estaba sola.
Su esposo, Ethan Cole, no apareció para la entrega. Ni una llamada. Ni un mensaje. Nada.
Ava estaba meciendo al bebé, susurrándole suavemente palabras, cuando la puerta de la sala se abrió de golpe con tanta fuerza que el cristal hizo vibrar.